Incogni, la empresa de Surfshark que borra tus datos de internet por suscripción, ha tramitado 245 millones de solicitudes de eliminación desde enero de 2022 y factura, según estimaciones, entre 200 y 500 millones de dólares al año. Es uno de esos negocios que suenan a nicho friki de la privacidad y resultan ser una máquina de facturar. La pregunta es si ese hueco, en España, sigue abierto.
El caso: Incogni
Incogni nació dentro del grupo Surfshark (la VPN) y lleva operando desde 2021-2022. Su propuesta es simple de explicar y difícil de montar bien: tú pagas una suscripción y ellos se encargan de pedir, en tu nombre, que decenas de agregadores de datos, buscadores de personas y data brokers borren tu información personal.
La tracción está verificada: más de 420 data brokers cubiertos, 245 millones de solicitudes de eliminación procesadas desde enero de 2022, una facturación anual estimada de 200-500 millones de dólares y una nota de 4.1-4.4 estrellas en Trustpilot, con reseñas mayoritariamente positivas. No es un negocio de garaje ni una promesa de gurú: es un producto que funciona, que se ha escalado y que la gente valora bien.
Cómo funciona el negocio
El modelo es suscripción mensual o anual. Tú das de alta tus datos (nombre, direcciones, teléfonos, correos) y el software se encarga del resto: genera y envía las solicitudes de borrado a cada base de datos, hace el seguimiento cuando el broker no responde o se resiste, y repite el proceso porque muchos de estos sitios vuelven a recopilar tus datos con el tiempo.
Lo interesante desde el punto de vista de negocio es el grado de automatización. El fundador o el equipo no gestiona caso por caso: supervisan un sistema que corre solo. Es un modelo de costes marginales bajos por usuario adicional, parecido a cualquier SaaS, pero con un componente legal (apoyado en marcos como el RGPD europeo o leyes de privacidad estatales en EEUU) que le da legitimidad para presionar a los brokers a borrar de verdad.
¿Y en España?
Aquí es donde el caso se enfría. Los números de búsqueda y competencia en España son:
- Volumen de búsqueda en España: 1.020 búsquedas/mes (frente a las 12.150/mes que mueve el término equivalente en el mercado de origen, EEUU)
- CPC: 5,29 € por clic, lo que indica que sí hay quien paga por captar esta demanda
- Interés en Google Trends: 12,6 sobre 100 en España, con la demanda cayendo, y el término relacionado más buscado es “derecho al olvido”
- Competidores directos ya operando: 2 — www.eprivacidad.es y www.borrardatosinternet.com
En España sí existe la conciencia de RGPD y el “derecho al olvido” como concepto legal está asentado. Pero eso no es lo mismo que un servicio productizado y automatizado que gestione activamente el borrado en agregadores y buscadores: dos empresas ya llevan tiempo ofreciendo exactamente eso, con la misma lógica de suscripción. No es un mercado virgen que alguien no ha descubierto todavía; es un mercado que ya tiene jugadores instalados y una demanda que, según Trends, va a menos en lugar de crecer.
La lectura
El modelo de Incogni tiene todo lo que uno querría copiar: automatización real, bajo coste operativo por cliente, ingresos recurrentes y un producto que la gente valora con nota alta. El problema no es la ejecución del negocio, que está de sobra demostrada fuera. El problema es el timing en España.
Con solo 1.020 búsquedas mensuales, dos competidores directos ya posicionados y un interés que cae en vez de subir, entrar ahora mismo con una copia genérica del producto significa pelear por una porción pequeña de una tarta que además se está encogiendo. Para que esto cambiara, haría falta algo que empujara la demanda hacia arriba: un escándalo de filtración de datos mediático, una campaña regulatoria que popularizara el “derecho al olvido” fuera del círculo legal, o que alguno de los dos actores actuales, eprivacidad.es o borrardatosinternet.com, dejara un hueco por mala ejecución o precio.
Quien tuviera algo que aportar aquí no sería alguien replicando el producto tal cual, sino alguien con conocimiento legal de RGPD capaz de diferenciarse en un ángulo que los competidores actuales no cubran bien —empresas en lugar de particulares, sectores regulados, o un servicio más agresivo de seguimiento legal— y no solo en tener el mismo software con otro logo. Con la demanda actual, montar esto desde cero para competir de tú a tú con los dos que ya están dentro es nadar contracorriente.



